
Ella
se adelantó y llegó primera. Se desvistió, dobló cuidadosamente
las prendas y las puso en la piedra del costado. Hasta el calzado se
sacó. Miró que la piedra elegida estuviese limpia y se sentó
mirando hacia el grupo de casas y el camino.

Desde
allí miraba las casas y el camino. Esperaba. Ansiosa. Calculando a
cada instante que se había apresurado en desvestirse, que apenas se
acercara el automóvil tendría tiempo de quitarse todo. Pero ya
estaba desnuda, mejor seguir así.
Lo
que no tuvo en cuenta fue que esa tarde yo vendría por el otro
camino, el del alto. Dejé el coche estacionado en un recodo y caminé
con sigilo intentando sorprenderla. Me acerqué, casi hasta su lado,
y di un grito. Saltó asustada, perdió el equilibrio y cayó rodando
entre las piedras sin que me diera tiempo a sostenerla.
Ahora,
en la cama del hospital, los moretones negros y azules tapan el
tatuaje.
N.
de R.: Desconozco el autor de la fotografía, parece que fue
denunciada en Facebook.