sábado, 20 de septiembre de 2014

Los días del conversador

Se había cansado de la tarea habitual: ir y venir por la casa y por las calles en busca de que lo cotidiano no sea tan constante. Se decía a si mismo que ya era hora de buscarse una tarea más acorde con lo que le gustaba hacer: conversar.

Así fue como un día cambió las costumbres y entró en un bar. Un bar con una decoración agradable, vistosa, sin televisores ni música fuerte. Buscó la mesa más alejada y cuando pidió el café le explicó al mozo que venía a conversar y que se quedaría mucho tiempo, lo suficiente para escuchar y charlar con quién quisiera.

lunes, 6 de enero de 2014

Odiaba las flores blancas

Odiaba la flores blancas. Y quiso el destino que el rosal del jardín mostrara su primera flor... y blanca. Por eso contrató un jardinero, de esos que vienen con una tijera de podar muy grande, que al entrar en la casa parecen asesinos de plantas antes que embellecedores del lugar. 


Le ordenó podar el rosal y, sobre todo, la única rosa blanca que se erguía en el centro. La cortó de un solo golpe, y en el acto salieron dos rosas blancas. Las cortó y salieron cuatro, las cortó y salieron ocho, las cortó y perdió la cuenta de cuantas veces cortaba y volvían a salir. 

Entonces, se prendió con sus manos en el tallo para aprisionar el rosal como un verdadero asesino y las espinas lo hicieron sangrar. En ese momento, las flores, alimentadas de sangre, cambiaron de color, algunas rojas, otras rosadas, pero nunca blancas.


Publicado originalmente en Ciudad del Buque:
 https://www.facebook.com/ciudaddelbuque?fref=ts

martes, 17 de diciembre de 2013

Hace 20 años en Santiago del Estero

La Historia suele perseguirme. Ese 16 de diciembre de 1993 llegué de madrugada a Santiago del Estero, Argentina, para cumplir con mi labor de profesor en la Universidad Católica (UCSE). No parecía un día más, el clima de reclamos de los empleados provinciales se venía acentuando desde varios semanas antes. Esa mañana vi bastante televisión, aunque estaba muy cerca de la Casa de Gobierno no fui hasta allí. Recuerdo que una gran cantidad de maestras se destacaban sobre otros empleados estatales. Los gritos siguieron hasta que los policías decidieron desproteger la sede gubernamental y se retiraron bajo el aplauso de los presentes.

viernes, 9 de agosto de 2013

Las víctimas de Giuseppe Tornatore

Giuseppe Tornatore es uno de los directores italianos más prestigiosos de la actualidad después de cuatro décadas al frente de la dirección de teatro y cine. Vigente y activo, tanto en ficción como en documentales. Cosecha premios y entrega obras que quedan impresas en la historia del cine universal. 

Seguramente Cinema Paradiso (1987) será la máxima expresión de su tiempo. No sólo por la belleza de sus imágenes, la música y el argumento, sino por los emblemáticos personajes. Personajes que, además de sus particularidades y universalidad, están construido desde una lógica del director que se ha repetido en otras películas: son víctimas de las circunstancias y les cuesta salir del mundo en el cual han sido colocados por el autor.

sábado, 13 de julio de 2013

Una luz de esperanza, un rayo de sol

La visita a Cinecittá, en Roma, no era una visita más. Era un paseo por los recuerdos, una entrada al paraíso donde habita la felicidad. Cineccitá es Roma y Roma es Cinecittá, como decía el gran Federico Fellini.

Pasar por los mismos espacios donde se rodó “Intervista” implica entrar en el mismo mundo que refleja la película. Y como no puede ser de otra manera, toda la magia de Fellini entra en la piel con cada sonido, con cada imagen, con cada utilería. La música del filme “8 y medio” llama desde la oscuridad de una sala para recordarme que estoy en un mundo de cine y cine.

martes, 30 de abril de 2013

“La caza”: sociedad, violencia y moral



La dulzura sólo dura quince minutos, mas o menos. Así es el comienzo de “La caza” (Jagten, Dinamarca, 2012) del danés Thomas Vintenberg, eterno cofundador del Dogma95 que maravillara con su primera “La celebración”. Y si en ésta estaba en juego la moral y las malas costumbres dentro de un ámbito familiar, con “La caza” lleva ese juicio a la sociedad. 

Sociedad que no vacila en juzgar, condenar y ejecutar lo que la moral manda, no lo que la verdad señala. La soledad no es compatible con la sociedad, tampoco la verdad, ni siquiera la amistad. Derrumbe que llega en noviembre, se traslada a diciembre y se vuelve imposible de superar en la navidad. No se puede mirar este dolor sin juzgar al conjunto social, eterna condena de condenados. Y allí va es grupo pueblerino, derrochando violencia desde el poder ¿poder? que le otorga ser un grupo, o muchos, o mayoría.

domingo, 31 de marzo de 2013

Espera, desnuda y con tatuaje


Decidió esperarme desnuda. Habíamos quedado en encontrarnos en la montaña, en la parte más alta, para tener al cielo por testigo de nuestra desnudez. Hacíamos el amor con frecuencia, entre sábanas o sin ellas, en una mesa de cocina o en el asiento del coche. Pero nunca la habíamos hecho bajo el cielo. 

Ella se adelantó y llegó primera. Se desvistió, dobló cuidadosamente las prendas y las puso en la piedra del costado. Hasta el calzado se sacó. Miró que la piedra elegida estuviese limpia y se sentó mirando hacia el grupo de casas y el camino.


Disfrutó de la brisa, de ocasionales ráfagas frescas. El aire de primavera era agradable aún en la montaña y por primera vez sentía la piel estremecida de picardía. Su cuerpo, bello, sensual y joven, daba luz de caramelo al lugar. Bajo la espalda, el tatuaje que solamente yo conocía. Solía esconderlo bajo la ropa pero en las noches de amor yo lo descubría para placer de mis ojos.


Desde allí miraba las casas y el camino. Esperaba. Ansiosa. Calculando a cada instante que se había apresurado en desvestirse, que apenas se acercara el automóvil tendría tiempo de quitarse todo. Pero ya estaba desnuda, mejor seguir así.

Lo que no tuvo en cuenta fue que esa tarde yo vendría por el otro camino, el del alto. Dejé el coche estacionado en un recodo y caminé con sigilo intentando sorprenderla. Me acerqué, casi hasta su lado, y di un grito. Saltó asustada, perdió el equilibrio y cayó rodando entre las piedras sin que me diera tiempo a sostenerla.

Ahora, en la cama del hospital, los moretones negros y azules tapan el tatuaje.











N. de R.: Desconozco el autor de la fotografía, parece que fue denunciada en Facebook.